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Le pidió a un desconocido que fingiera ser su prometido para salvar a su hijo... pero al llegar descubrió un secreto que cambió su vida para siempre

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Una casa donde el sol no entraba desde hacía seis años Había en el viñedo una casona grande, blanca por fuera, pero con las ventanas siempre cubiertas por cortinas gruesas. Los vecinos decían que ahí vivía sola una mujer joven llamada Renata Alcázar. Que era la heredera de las tierras. Que nunca se había casado. Que nunca salía. Y que la única visita que recibía era la de su tía Octavia, una vez al mes, siempre con la misma cara de amargura. Lo que nadie sabía, ni siquiera los vecinos más chismosos, era que dentro de esa casona vivía también un niño. Se llamaba Emiliano. Tenía seis años. Ojos grandes, café oscuros. Y llevaba toda su vida sin conocer el sol de otra casa que no fuera la suya. Renata lo protegía así porque tenía miedo. Miedo de que se lo quitaran. Miedo de que su tía cumpliera la amenaza que le hizo el día que murió Matías, el padre del niño: "El día que me entere que tienes un hijo, te lo voy a arrebatar. Y le voy a dar el apellido que se merece: el mío."...

Trueno Negro: Ella lo humilló por ser un simple mozo... hasta que él aceptó el reto que ningún hombre había sobrevivido

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El día que un peón se atrevió a soñar con la mujer que no debía Elías tenía las botas rotas, las manos ásperas y el alma llena de sueños. Todos los días, antes del amanecer, ya estaba en las caballerizas del rancho "El Alazán" limpiando los corrales que otros ensuciaban. No era un trabajo digno para muchos. Para él, era el primer escalón hacia algo más grande: algún día tener su propio criadero, sus propias tierras, su propio apellido en el pueblo. Nunca se avergonzó del olor a paja y estiércol. Su padre, antes de morir, le había dicho una frase que Elías repetía cada mañana como si fuera oración: "Hijo, el hombre que no se avergüenza de trabajar honradamente, algún día se sienta a la mesa con los que se creen dueños del mundo." Elías creía en eso. Y por eso, esa mañana, cometió el error más grande de su vida: se atrevió a soñar con Jimena. La mujer que no debía mirar Jimena Salcedo era la hija única de Don Ramiro, el dueño del rancho más grande de la región...